martes, 20 de agosto de 2013

Los paraísos de libertad de Snowden y nuestro conflicto de medios y fines


Por Isabel Manuela Estrada Portales
Quien viola una ley injusta, que su consciencia le dice que es injusta y quien está dispuesto a aceptar la pena de ir a prisión para despertar la consciencia de la comunidad sobre su injusticia, en realidad expresa el máximo respeto por la ley.
Martin Luther King, Jr.
La situación con Edward Snowden, el más buscado de la agencia de seguridad nacional (NSA) de los Estados Unidos, me hace cuestionar cada uno de mis convicciones, creencias y caprichos. Por un lado, mi lado quijotesco aplaude su ímpetu de libertad. La parte de mí que se alegra de la captura de los que pusieron bombas en el maratón de Boston, sin embargo, duda.
Nacida y criada en Cuba, donde la noción de privacidad – ni hablar de las libertades individuales y cívicas – es completamente ajena, he tenido que entrenarme para insultarme intelectualmente cuando la Asociación Estadounidense de Libertades Civiles (ACLU, por sus siglas en inglés) o Rand Paul dicen que nuestra privacidad fue violada. Es decir, no siento esa rabia que me recome el hígado cuando, por ejemplo, una bomba estadounidense cae sobre una boda en Afganistán y mata hombres, mujeres y niños.
Pero regresemos a Snowden, me siento un poquito menos ofendida de que no terminó asilado en esos bastiones de transparencia y libertad de prensa que son Cuba, China, Venezuela o Ecuador. Sin embargo, el que solicitara y recibiera asilo en la Rusia de Putin, donde periodistas tienen la extraña tendencia de caer muertos aparentemente por la fuerza de la gravedad, me hace hervir la sangre.
Una representante de Amnistía Internacional negoció el acuerdo de asilo para Snowden. Es particularmente irónico y doloroso que ella haya tenido que huir de Rusia no hace mucho porque había recibido amenazas contra su vida por su trabajo en derechos humanos. Putin tiene una forma radical de lidiar con la crítica.
La izquierda estadounidense (de la cual soy miembro con carnet, especialmente de la más radical) – tal vez no toda la izquierda – ha apoyado lo que hizo Snowden como un acto de valor sin par, pero no vio ningún problema en que la lista de países que querían darle refugio parece el libro del año de la última graduación del seminario online Dictadura para Dummies. “China, Ecuador, Cuba, Venezuela y Rusia entran a un bar para encontrarse con Snowden y el barman pregunta: ¿dónde está Siria?”
Esa es la más triste ironía, que lo que la izquierda y Snowden están diciendo es lo que la izquierda en el resto del mundo siempre critica de Estados Unidos: a fin de cuentas, los estadounidenses sólo se preocupan por la violación de los derechos de los estadounidenses. Snowden no es bobo. Él sabe muy bien que estaría colgando por los pulgares si se las hubiera dado de James Bond en cualquiera de los países antes mencionados.
Es más, el pueblo cubano quiere apoyar a Snowden pero está todavía tratando de entender exactamente cuál fue su heroicidad. ¿Qué fue lo que él expuso? Porque como cubanos, ni siquiera tenemos una palabra para describir “espiar a sus ciudadanos”. La idea de que vivimos bajo el ojo vigilante del gobierno se imprime en nuestra consciencia desde que nos cortan el cordón umbilical, tal vez antes. De modo que la idea de que Snowden expuso que el gobierno espiaba a sus ciudadanos les suena a los cubanos como el descubrimiento de la prostituta gallega que lloraba porque se enteró de que las otras cobraban.
El caso de Ecuador es diferente. Según la recién estrenada ley de comunicación, el trabajo de espiar va a ser hecho directamente por los medios de comunicación que serán obligados a recoger la información – “datos personales que permitan su identificación, como nombre, dirección electrónica, cédula de ciudadanía o identidad” – de quienes hagan comentarios en sus páginas web, o hacerse legalmente responsables por dichos comentarios. Ver artículo 20 de la ley si no me creen. Sólo para mencionar un botoncito de muestra de la increíble expansión de las libertades del gobierno que refugia a Julian Assange.
Diría algo de Rusia pero para qué molestarse.
Entiendo que las opciones de Snowden se parecían en amplitud y gravedad a las de la película La Decisión de Sofía, pero me imagino que él no pensó que esto iba a ser un picnic cuando decidió arriesgarse para defender las libertades civiles que él considera tan preciadas. ¿Son sólo preciadas para los estadounidenses? ¿Son sólo preciadas cuando el que las limita o viola es el gobierno de Estados Unidos? ¿Acaso la privacidad y los derechos de los cubanos, rusos o ecuatorianos no son tan preciosos, entonces no tenemos problema con que esos gobiernos usen a Snowden para atacar al Lobo Malo del Norte mientras sus propios ciudadanos jamás tendrían la oportunidad de hacer la mitad de lo que Snowden hizo?
Como dije, el caso de Snowden me deja contra la espada y la pared y mientras más lo pienso más preguntas tengo.
¿Cualquiera que trabaja con información clasificada puede y debe comenzar a juzgar por sí mismo cuál información divulgar? Prestar atención al debe, porque si creemos que Snowden hizo lo correcto, entonces debemos estimular ese comportamiento. ¿No es eso lo que hacemos con los comportamientos heroicos, estimularlos para que se multipliquen?
¿Qué pasa si alguien está de acuerdo con el gobierno de Siria y decide pasarles información que el gobierno de Estados Unidos está usando para, por ejemplo, ayudar a los rebeldes? Si todos actuamos de acuerdo a nuestra consciencia, si esa persona está de acuerdo con Assad entonces ¿está siguiendo su consciencia y por tanto haciendo lo correcto?
Si uno quiere actuar en consciencia, uno no hace un juramento de guardar secretos para un gobierno que sabes que está actuando mal. Y si uno cree firmemente que lo que hizo está bien, tiene que echar la pelea completa. Si uno hace el juramento con el propósito expreso de exponer la actuación del gobierno, bueno, sí, eso se llama espiar. Y, sí, ve y escóndete y protégete, pero entiende que cualquier gobierno usará todo su poder contra los espías. Punto. No estoy ofreciendo un juicio de valor sobre eso, pero no pretendamos que no es espiar, porque ¿qué es entonces? En mi reino idílico, no harán falta espías, pero parece que aún no hemos llegado ahí.
Pero, por favor, no vayas a esconderte a países donde gente que hace la mitad de lo que tú hiciste tienen la costumbre de desafiar las leyes de la física y la gravedad y caer misteriosamente de edificios, sin pasar primero por una corte de justicia.
Pero exploremos un poco más la adquisición de información por parte del gobierno. ¿Y si la información evita un ataque?
Pese a ser cubana y tener los músculos de la privacidad y la libertad bastante atrofiados, no me parece nada simpático que el gobierno escuche mis conversaciones o lea mis correos electrónicos. Y, no, para nada acepto la noción de que si no estoy haciendo nada malo no tendría que preocuparme.
Pero tenemos que decidir honestamente lo que queremos. No podemos pretender que nos escandalizamos por que el gobierno nos espía, pero no tener ningún problema cuando ese espiar evita un ataque. Olvidémonos del terrorismo, nos han manipulado tanto con él que uno lo rechaza de plano. Consideremos otros escenarios.
¿Alguno de ustedes puede decir honestamente: yo prefiero que una bomba explote en la escuela de mis hijos que permitir que el gobierno use información de una conversación escuchada ilegalmente para pararlo? Yo sé que yo no puedo decir eso.
¿Pueden decirme honestamente que si el plan del tipo en New Haven, Connecticut, hubiera sido descubierto mientras escuchaban ilegalmente una conversación telefónica y se hubiesen podido prevenir la muerte de todos esos niños ustedes dirían: NO, no podemos usarla. Fue obtenida ilegalmente? Yo sé que a mí no me importaría si obtuvieron la información mientras grababan al tipo acostándose con su novia: ¡úsala, contra! Sí, sé el horror de las dos cosas...me pesan en la consciencia un poco más los cadáveres de los niños.
Pero vayamos más allá. Asumamos que usaron la información obtenida ilegalmente para prevenir la masacre en la escuela, pero no la pueden usar como evidencia contra el tipo porque fue obtenida ilegalmente. Entonces, tendrán que seguir por el resto de la vida del tipo grabando sus conversaciones ilegalmente porque saben que este tipo quisiera matar niños en una escuela ¿Ven el problema?
Sin embargo, no tengo ningún problema en decir que yo no quiero que se use tortura en NINGUNA circunstancia. No me importa si funciona. No quiero que se use porque es inmoral… siempre es inmoral. Quiero creer que yo no lo haría nunca. Quiero creer que mis hijas nunca lo harían. No puedo llevar en mi consciencia el peso de que el hijo de alguien está torturando en mi nombre y con mi tácito consentimiento.
¿Pero acaso los estadounidenses están dispuestos a rechazar la tortura en todas las circunstancias? Me opuse a la guerra en Afganistán, ni hablar de la de Irak, porque no creo que la guerra nos da seguridad y pienso que está mal. Punto. Pero recuerdo claramente que la mayoría de los estadounidenses están a favor de las dos guerras. ¿Cómo creemos exactamente que se pelea la parte de inteligencia de esas guerras?
Si estamos de acuerdo con esos fines por cualquier medio, no debemos pretender escandalizarnos tanto cuando los medios son expuestos.
Yo estoy completamente opuesta a la vigilancia electrónica y el espionaje ilegal. Palabra clave: ilegal. Creo que esa es la discusión que tenemos que tener abiertamente en una democracia: en el estado actual de las cosas, ¿qué estamos dispuestos a tolerar? ¿A qué estamos dispuestos a renunciar? No podemos decidir cuándo aceptar ilegalidad y cuando no, ni podemos vivir felices con los frutos de esa ilegalidad – si, por ejemplo, salvamos niños – pero escandalizarnos de esos métodos en el vacío.
El espionaje, obviamente, ocurre en secreto… Como diría José Martí, en silencio ha tenido que ser, porque hay cosas que para lograrlas han de andar ocultas. Pero tenemos que acordar como sociedad cuánto espionaje estamos dispuestos a tolerar y bajo qué circunstancias. Tenemos que dejar la hipocresía y no discutir en el vacío.
Si decidimos tolerar cero espionaje, muy bien, pues vivamos con las consecuencias. Pero dudo mucho que optemos por esa opción.

domingo, 14 de julio de 2013

Escenas bucólicas: Niños recogen bostas de caballo en Quito

Por Isabel M. Estrada-Portales

Miren estas preciosas fotos de niños recogiendo bostas de caballo, para que el público pueda divertirse montando a caballo en el parque La Carolina de Quito, Ecuador. Esto es en una tarde de domingo… cuando mis hijas, que podrían ser las madres de al menos uno de estos niños, están dando una perreta porque no quieren recoger sus cuartos.

Le pasamos por el lado a estos niños todos los días. Es tan normal verles trabajar que nadie presta la menor atención. Recuerdo cuando visitaba las escuelas en algunos barrios de Memphis, Tennessee y de Filadelfia y tenía que pasar a través de un detector de metales. Estaba enardecida. No podía creer que esos niños tuvieran que pasar por eso todos los días para ir a clases. Con la insensibilidad de los que no tenemos que tomar esas decisiones, yo dije que ni muerta viviría en un barrio donde mis hijas tuvieran que pasar diariamente por un detector de metales para ir a la escuela. Me imagino que en mi cabeza esos padres tenían otras opciones más atractivas.

Estas aberraciones se ven tan normales que me asusta. Las bostas de caballo eran lo menos repugnante de ese paisaje bucólico.
Hoy realmente no es un buen día, con Zimmerman libre y Trayvon Martin que sigue muerto. Y la gente se sorprende de las crisis de adicción y las olas de suicidio. He descubierto que los hijos tienen cumplen cierta función: la de anclarte a la vida. Recordar que tengo que mandar a la universidad a las dos que tengo evitó que me encadenara al mesón de un bar y le dijera al barman que no se tomara la molestia de preguntar si quería otro, hasta que me arrastraran de allí en un coma alcohólico. Consideraría una sobredosis de cocaína, pero estoy baja en materia de conexiones.

En serio que si la especie fuera a considerar suicidio en masa, desde mi punto de vista, rara vez un día ha lucido mejor para esa aventura. Seguro que lo mejor de mí aflorará en algún momento. Yo sé que ha estado por ahí. Lo recuerdo. Pero creo que hoy necesitaría usar fracking para encontrarlo.

Entonces estoy repasando en mi cabeza a Rilke, Yourcenar, la hermosísima y extraordinaria declaración de amor de Hans Castorp en La montaña mágina de Mann, la excepcional escena de harakiri, después del amor, de los protagonistas de Patriotismo de Mishima. Regreso a los viejos amigos para ver si reencuentro esa esperanza que solía tener de la salvación por la literatura. Lamentablemente, uno de esos viejos amigos es el Fernando de Sábato quien tuvo a bien informarme entonces que la Alemania de 1933 era el país más instruido del mundo. Pero a los 16, aún se tiene esperanza. A los 41, parece que Fernando ganó.

Yo no creo. Hoy, especialmente, yo no creo. Pero si hay un Cristo con el que puedo identificarme en algo es el que nos mostró Borges, en su Cristo en la cruz:

Cristo en la cruz. Desordenadamente
piensa en el reino que tal vez lo espera,
piensa en una mujer que no fue suya.
No le está dado ver la teología,
la indescifrable Trinidad, los gnósticos,
las catedrales, la navaja de Occam,
la púrpura, la mitra, la liturgia,
la conversión de Guthrum por la espada,
la Inquisición, la sangre de los mártires,
las atroces Cruzadas, Juana de Arco,
el Vaticano que bendice ejércitos.
Sabe que no es un dios y que es un hombre
que muere con el día. No le importa.
Le importa el duro hierro de los clavos.
No es un romano. No es un griego. Gime.
Nos ha dejado espléndidas metáforas
y una doctrina del perdón que puede
anular el pasado. (Esa sentencia
la escribió un irlandés en una cárcel.)
El alma busca el fin, apresurada.

Todas las fotos pueden verse aquí.